viernes, 7 de febrero de 2014

El escritor oculto


Una práctica muy habitual entre los escritores es ocultar su verdadera identidad. Ya sea por timidez o cuestiones de marketing muchos publican o han publicado bajo pseudónimos.

Hubo épocas en que esto no sucedía por capricho sino por necesidad. Muchas autoras de siglos anteriores por miedo a las consecuencias o la censura publicaron bajo otro nombre. Como es el caso de Caterina Albert, escritora de principios del siglo XX, que se vio obligada a convertirse en la figura masculina de Víctor Catalá al formarse un tremendo  escándalo cuando se conoció que uno de sus poemas había sido escrito por una mujer.  Lo mismo le sucedió a Cecilia Böhl de Faber y Larrea, una autora del siglo XVIII que optó por publicar como Fernán Caballero para no tener que enfrentarse a la problemática de ser mujer en una sociedad machista y que su obra fuera tomada en serio.

Agatha Christie
Hay autores, sin embargo, que utilizan los pseudónimos para crear sellos a modo de marcas de confianza. A sabiendas de que el lector relaciona un tipo de literatura a un nombre concreto y espera que el autor permanezca fiel a su estilo utilizan varios nombres para picotear en distintos géneros. Es el caso de Christiane Gohl cuyo nombre a lo mejor no os suena pero a quien sus editores recomendaron un cambio de registro ya que en su país era conocida como “la mujer de los caballos” por el gran número de obras de esta temática que había escrito. Es la misma mujer que encarna a Sarah Lark, para publicar las novelas de paisajes, Ricarda Jordan para el género histórico o Elisabeth Rotenberg.

Incluso Agatha Christie, la maestra del género misterio-policiaco, cambió de identidad y dio vida a Mary Westmacott para publicar seis libros de literatura romántica. Un género tan distinto al habitual que podía levantar desconfianzas en el lector.

Algunos de ellos se dejaron llevar por la estética o la sonoridad del nombre. A Gabriela Mistral le resultaba más atractivo este nombre que el de Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy-Alcayaga, que era con el que había sido bautizada y que resultaba más conciso y fácil de recordar.

En el caso de otros autores, el cambio obedecía a la necesidad de ocultar su identidad y no ser reconocidos. Pablo Neruda, cuyo nombre real era Ricardo Neftalí Reyes Basoalto, ante la mala reputación que por aquel entonces tenía el oficio y la molestia que le causaba a su padre, optó por ahorrarle el mal trago a la familia.

Clarín
La pudorosa Jane Austen sólo se atrevió a revelar su verdadero nombre y abandonar el pseudónimo de Ashton Dennis cuando vio su trabajo reconocido. Nunca quiso que la asociaran al oficio e incluso escribía en secreto. El verdadero nombre de Lewis Carroll, autor de la famosa obra Alicia en el país de las maravillas, fue Charles Lutwidge Dodgson que ocultó por timidez para no ser reconocido. Como tampoco lo quiso ser Leopoldo García-Alas y Ureña, Clarín, que debido al contenido crítico de sus artículos publicados en un periódico estimó necesario ocultar su verdadera identidad y protegerse de las futuras represalias.

La palma se la lleva Stephen King que tras convertirse en un autor muy conocido creó a su alter ego Richard Bachman por recomendación de sus editores llegando incluso a crear una ficticia rivalidad entre ellos.  Cuando fue descubierto optó por declarar su muerte y confesar su doble juego.

Doris Lessing
Muy curioso es el caso de la recientemente desaparecida Doris Lessing, que en 1984 escribió dos novelas como Jane Sommers, las cuales fueron rechazadas por sus editores habituales. Logró publicarlas pero apenas consiguió vender ejemplares. Según ella misma confesó fue fruto de un experimento para demostrar las dificultades de entrar en el mercado editorial para los autores noveles.

El último caso que hemos conocido últimamente y que ha causado cierto revuelo es el de la británica J.K. Rowling que publicó El canto del cuco con el nombre de Robert Galbraith y cuya identidad real se hizo oficial supuestamente debido a una filtración. Muchos apuntan que esto obedece a una estrategia comercial ya que la novela había vendido tan sólo unas cuantas copias antes de conocerse la verdad.

En mi caso el nombre no supone un hándicap que me derive a no leer una novela en concreto si previamente no conozco a su autor pero si reconozco que asocio cierto tipo de literatura a ciertos nombres. No creo que sea cuestión de prejuicios sino de afinidad a estilos o ciertos géneros.  Lo normal es que si un libro de un determinado autor nos gusta buscaremos historias de nuestro interés entre el resto de sus publicaciones para obtener algo parecido.

Por ejemplo, habitualmente asociamos el Chick lit a escritoras, son libros escritos por mujeres y para mujeres y fácilmente identificables. ¿Leeríamos un thriller escrito por Marian Keyes o Sophie Kinsella? ¿O confiaríamos en el lado romántico de Stephen king?

Otra cuestión que me parece interesante es en el éxito inmediato que tienen las novelas publicadas por autores consagrados. Publiquen lo que publiquen se colocan en lo más alto de las listas de ventas y ciertos medios no se atreven a criticarlas. ¿Será que el éxito llama al éxito como dijo Doris Lessing? ¿Sobrevaloramos las novelas cuando el autor tiene una trayectoria sólida?

Y a vosotros ¿Qué pensáis de todo esto?¿Os influye de alguna manera la sonoridad del nombre a la hora de hacer una elección?¿Desconfiáis cuando un autor cambia de género?

33 comentarios:

  1. Interesante entrada. En principio claro que hay autores a los que sigo sí o sí. Eso no quiere decir que no sepa valorar si alguno de sus libros es un poco pufo, aunque en algunos autores eso me parece misión imposible. Quitándo esos autores que para mí son intocables, sí es cierto que soy muy de leer libros por autor (o autora), pero también por el libro en si, la sinopsis, la portada, la temática, los comentarios... No desconfio cuando un autor cambia de género, me puede resultar llamativo, pero no desconfiaría. Y sí, es verdad, hay autores a los que dificilmente leeré toquen el género que toquen.

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  2. No tengo problemas con el nombre del autor, y tampoco me importa que cambien de género. Está claro que tengo unos autores favoritos y ya busco su nombre directamente, pero el título o la sinopsis me pueden llegar a leer libros de autores desconocidos, que luego han llegado a ser una grata sorpresa... o no.
    Besos!

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  3. Actualmente me llama la atención el pseudónomino de Yasmina Khadra y más aún sabiendo el papel de la mujer argelina. ¡Que valentía!

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  4. Si te he de ser sincera hay autores que los leo si o sí, independientemente de lo que publiquen, pero también opino, si o sí, si no me gusta lo digo con total libertad. Yo si me acercaría para descubrir el lado romántico de una persona que escribe novela negra o terror, o viceversa descu brir el lado oscuro de un autor/a que escriba novela romántica, o historica. Creo que es un ejercicio interesante.

    Suelo arriesgarme con los autores que no conozco de nada, de esa manera he descubierto autores magnificos, y me he llevado chascos con los ya consagrados. Creo que me fijo más en la sinopsis que en quien ha escrito la novela.

    En cuanto al Canto del cuco, me influyo más el argumento que la personalidad de quien se escondía detrás, también es verdad que nunca me he sumergido en el universo Potter y que conoceré a esta autora quizás con la obra que menos la define.

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  5. Una entrada muy interesante, yo si tengo escritores "favoritos" de los que procuro leer lo que escriben, pero que si cambian de registro también los leería, y tampoco me fijo en el nombre de quien escriba, más bien, en si el argumento me llama o no, besotes

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  6. La verdad es que me da mucha confianza que me haya gustado un autor para leer el siguiente suyo, y lo de los pseudónimos cuando un autor ya tiene un nombre como JK Rowling, la verdad es que nose.. no lo entiendo mucho, me da incluso un poco de desconfianza.

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  7. Es una entrada muy interesante. Sobre el caso de J.K. Rowling, nos apetecen leer sus novelas post-Harry Potter porque nos gusta mucho cómo escribe, y tenemos mucha curiosidad.

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  8. A mí el nombre del escritor sí que me influye, tanto para bien como para mal. Si he leído alguna novela de un autor que me ha encantado, sólo por eso y casi sin fijarme de qué van sus nuevas novelas, las apunto.
    Una entrada muy interesante la de hoy
    Besos

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  9. La verdad es que tengo escritores que me gustan y cuando veo una novela nueva suya, si la temática me gusta, no suelo dudar para leerlo. Y lo mismo me pasa al contrario, si un autor no me ha gustado, salvo que me recomienden mucho su lectura, no suelo volver a leerlo.
    Con los nuevos autores que desconozco, no suelo tener problemas. Me gusta mucho leer nuevos autores y diversificar.

    Bs.

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  10. Muy interesante la entrada y viendo lo que hacen los famosos, quizás lo tenga que poner en práctica para mis próximas publicaciones, jajajaja.
    Lo mejor, es que cuando se descubre quién se esconde tras el nombre, los libros se cotizan a unos precios desorbitados.

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  11. Qué entrada más curiosa, había varias cosas que nos sabía. Desde luego que el nombre influye, aunque sea involuntariamente.
    Un beso!

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  12. La verdad es que los nombres poco conocidos no los retengo con facilidad si la novela no me ha gustado y si es verdad que cuando un autor no me gusta demasiado o no me gusta el género que suele tratar no me molesto en saber más del resto de su obra y en este caso si puedo necesitar un nombre ficticio para probar.
    El ejemplo que más me ha gustado es el de Doris Lessing, autora más que consagrada, pero que después de esa experiencia se preguntaría si realmente su literatura gustaba o simplemente se compraban sus libros por la inercia de comprar lo publicado por un autor conocido.
    En el caso de Rowling y aunque disfruté mucho de las aventuras del joven mago, la verdad es que no me he animado a leer su obra para adultos. No creo que se filtrara la verdad por casualidad, y es que no es tan fácil que un autor desconocido despunte, parece ser más una cuestión de marketing más que de un verdadero talento por la escritura que perdure en el tiempo.
    Una entrada muy interesante.
    Un saludo.

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  13. Muy interesante el post de hoy. Creo que sí nos influye mucho el nombre del autor o al menos en mi caso si juega un papel importante. Basta que uno de mis autores favoritos publique algo para buscarlo y si me general cierta desconfianza o duda si, teniendo una línea muy clara en su tipo de novelas, publican algo radicalmente distinto. Así que comprendo que en determinados casos se publique con psuedónimo, como el caso de las escritoras de siglos pasados, porque era la única forma de poder dedicarse a la escritura.

    Besos

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  14. No sabía la mitad de las cosas que nos cuentas. Me ha sorprendido mucho lo de Doris Lessing.
    Gracias por un post tan interesante!

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  15. Qué tema más interesante, y desconocía mucho de lo que has compartido, así que gracias por eso. Respecto a los seudónimos y cómo afectan mi percepción de los escritores, pues te diré que en gran medida despiertan mi curiosidad, en especial cuando se trata de un autor conocido y si me gusta, pues no importa de qué género escriba o bajo qué nombre, lo leo con muchas ganas.

    Besos.

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  16. De todos los casos lo peor es lo de Rowling, que lo digan por vender. A mí no me condiciona y me atrae ver cómo un escritor se defiende en géneros nuevos. En realidad el nombre no me importa demasiado.

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  17. Es un tema en el que no me fijo mucho. Únicamente si un autor/a me gusta procuro buscar más libros suyos pero no me condiciona que sean más o menos conocidos y en cuanto al cambio de registro pues depende, si el libro me llama me animaré a leerlo pero si no encaja en mis gustos por mucho que sea de un autor que siempre me ha convencido no me voy a animar. Muy interesante y trabajada la reflexión de hoy
    Besos

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  18. Si un escritor consolidado en una temática quiere cambiar de registro es lógico que cambie de nombre. Amanda Quick utiliza ese nombre cuando escribe novelas románticas de época. Si están ambientadas en la época actual utiliza su nombre real. Es una manera de reconocer qué tipo de novela es.

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  19. Muy interesante tu entrada. Los nombres de los autores se me quedan (y no mucho a veces) si el libro me ha gustado. No me importa el nombre del autor, me importa lo que encuentro dentro del libro. Que cambie de género tampoco, si escribe bien en un género puede escribir bien en otro, es cuestión de comprobar.
    Un beso.

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  20. Interesante lo que planteas en esta entrada. Yo tengo mis autores "de cabecera", por decirlo de alguna manera, pero normalmente me fijo más en el argumento de una novela que en lo conocido o no que sea el autor.
    Besos:)

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  21. Lo de Mistral era una necesidad, vaya nombre!! Y lo de Lark no lo sabía (Lark y todas esas otras). Es inevitable, pienso yo, que si te gusta un autor le sigas la trayectoria, me gusta hacerlo, vaya y soy confiada en los cambios de género. Realmente a mi me gusta mucho la experimentación con esto de los libros, probar, saber y si un libro me atrae, no necesito un nombre. Realmente, también me guío por lo que opinan otros lectores.
    Una muy buena entrada.
    Besos

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  22. Mucha gente se cambia el nombre. Algunos, como es el caso del espectáculo eligen un nombre y siguen con él toda su trayectoria (Por ejemplo, Lina Morgan o Sergio Dalma).

    En cuanto al cambio de nombre de los escritores, no lo había pensado nunca. A pesar de que lo sabía. No le había dado importancia hasta que he leído tu entrada. Y creo que tienes razón. Si lees algo de alguien que no te ha gustado te creas una barrera que te predispone a la siguiente lectura del mismo autor. Como decías de Stephen King, en mi juventud leí mucho de él, sólo porque su nombre estaba en la portada del libro. No por la calidad, o el género que pudiera tratar.

    Seguiré pensando sobre el tema.

    Un saludo.

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  23. No cabe duda que es difícil no tener ciertas ideas preconcebidas y asociadas a algunos nombres, pero no prejuzgo el cambio de género en un autor, es más, despierta mi curiosidad. Un besote!

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  24. Muy buena entrada. Yo también tengo fidelidad a algunos autores. Aunque cambien de género, confío en ellos. Aunque a veces me he llevado chascos, pero no por eso dejo de leer su obra. Lo de usar pseudónimos cuando se cambia de género me choca, tengo que reconocerlo. No es una cosa que entienda mucho. Pero bueno, sus razones tendrán.
    Besotes!!!

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  25. Generalmente suelo leer obras de escritores noveles, así que creo que el nombre del autor influye bien poco en mí, aunque es cierto que por ejemplo me resulta extraño que JK Rowling escriba novela negra. Besos.

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  26. Me has descubierto algunas dobles identidades que no conocía y me ha hecho mucha gracia lo de la novela romántica escrita por King. El experimento que hizo Lessing deja muy claro la realidad. La verdad es que no tengo una opinión sobre la conveniencia o no de estos juegos pero sí sorprende la cantidad de autores conocidos que lo han hecho. Por algo será. Besos.

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  27. Me ha gustado mucho tu post, muy interesante :-)
    Yo, por mi parte, no tengo problemas con los escritores que cambien de género. En cuanto a si me influye el nombre a la hora de leer un libro, pues sí, cada escritor tiene su estilo, y si me gusta suelo leerlo y sino, pues no. Me parece lógico.
    Besos!

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  28. Buena entrada, hay mucha gente que le gusta cambiar el nombre, es como un juego, aunque antes era casi una necesidad. Hay escritores que se inventan heterónimos, tal el caso de Pessoa, que escribió y publicó bajo diversos nombres diferentes al suyo. Saludos y buenas lecturas.

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  29. Quizás sea que tenemos "marquitis" y si algo es de determinada marca mola más llevarlo del brazo. O también sea porque, los autores que nos enamoran, hacen que les seamos fieles. Sobre las manías de ciertos escritores no entro, salvo las mujeres que se vieron obligadas a coger un seudónimo, claro, que en ese caso está más que justificado. En fin, que yo sí me dejo llevar por el nombre del autor, igual que lo hago por la portada o el título de un libro, si no los conozco. Abrazos.

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  30. Bueno, yo diría que si hay ciertos casos en los que los nombres influyen, si es algo que las propias editoriales aconsejan hacer a veces, supongo que es en base a esas perspectivas que tienen bien estudiadas. A mí como esa especie de "marca distintiva" me parecen bien, o al menos lógicos. Y por supuesto en los casos casi por obligación que mencionas.

    Joe Hill por ejemplo, sin ser un pseudónimo en sí, ocultó ese apellido King al principio para evitar comparaciones con la figura de su padre. Y respecto a King y Bachman, que quizás sea el caso que más conozco, las que firma como Bachman sí se escapan un poco de la tendencia, al menos del King de aquella época. Hoy día prácticamente el nombre de Bachman aparece en pequeñito, es el de King el que siempre está resaltado, o sea que supongo que esa especie de maniobra de marketing no resultó como habían pensado del todo.

    Y por cierto, King tiene su lado romántico a su manera, creo, incluso al margen de Bachman. Sobre todo en sus últimas historias más íntimas ;)

    Besotes!

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  31. Es un bue. Planteamiento el que nos traes hoy, yo suelo ser fiel a los autores que me gustan y si cambian de género les doy una oportunidad también. Quizás me sigan gustando o en ese otro nuevo género ya no pero n veo motivo para cambiarse el nombre, sobre todo cuando ya son conocidos.
    Besos!

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  32. Se te ha olvidado Nora Roberts, aunque no te guste. Yo soy de las que una vez que me fijo en un autor soy fiel a él si me gusta. Con el caso de J. K. Rowling, como no me llamó Harry Potter tampoco he querido probar en otra faceta. Es decir, que normalmente los autores se centran en un determinado género y es muy raro que den un cambio abismal, así que si te gustan, seguirás leyendo su obra. Eso no quiere decir, como comentaba Ana, que algunas sean mejores que otras.

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  33. Interesante tema. Creo que es evidente que el nombre nos influye, como lo hace el aspecto físico, lo que no significa que sea determinante de forma absoluta. Si un "consagrado" saca nuevo libro es lógico que nos lancemos porque tenemos una expectativa sobre su calidad. Aunque no siempre estén a la altura y no siempre nos atrevamos a decirlo

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